En esta oportunidad te traemos un reporte de viaje de nuestro Editor Juan José de Gouveia a bordo de la Reina de los Cielos. Su relato nos adentra en el Boeing 747-400 de Wamos Air, en un vuelo de Conviasa desde Caracas a Madrid.

Amanecía una nublada mañana de diciembre, y con ella tomaba rumbo al Aeropuerto Internacional de Maiquetia para abordar mi vuelo a Madrid, pocas horas antes del fin de año.

Un viaje repentino en el que no hubo tiempo de decidir con cual aerolínea viajar, que conexión tomar y mucho menos clase de cabina elegir para este viaje. Ni siquiera tuve tiempo para preparar un par de maletas con algo de ropa de invierno.

Al llegar al aeropuerto me percaté que ese día volaríamos naranja, y aún cuando esa frase evoca recuerdos entre los que viajaron y recuerdan a la Venezolana Internacional de Aviación, S.A. (Viasa), el día de hoy viajaría con la así llamada sucesora de la extinta línea aérea bandera de Venezuela.

Fundada en 2004 por el estado Venezolano, Conviasa ha operado una variopinta flota, pasando por el de Havilland Canada Dash 7, pasando por una serie de Boeing 737 de distintas generaciones, turbohélices ATR, Bombardier CRJ-700 y Embraer E190. En lo que a fuselaje ancho se refiere, Conviasa fue una de las últimas operadoras del mundo en contar con un Airbus A340-200 en su flota de largo recorrido.

Sin embargo, y por distintos  vaivenes a lo largo de su breve historia, Conviasa se ha visto imposibilitada a operar rutas a Europa con equipos y tripulación propia, tras un veto impuesto por la Unión Europea en 2012. Desde ese entonces, la aerolínea se ha visto en la necesidad de alquilar equipos a terceros para mantener sus operaciones al viejo continente.

El Airbus A340-200 de Conviasa con registro YV1004 (MSN 030) y bautizado con el nombre de “Simón Bolívar El Libertador”. El mismo operó los vuelos de la aerolínea venezolana a Madrid, Damasco y Teherán. (Commons)

Desde un Boeing 777-200 de Euro Atlantic a un A340-300 de Air Tahiti Nui, pasando por un Boeing 767-200 de Vision Airlines, hubo un tiempo en el que Conviasa cambió constantemente de equipos, en la misma medida que la empresa cambiana de directiva. La toma de decisiones durante las distintas gestiones fueron poco acertadas, lo cual llevó a prestar un servicio inconsistente e impuntual.

Tras años de inestabilidad, la aerolínea española Wamos Air facilitó en octubre de 2015, el arrendamiento por un año de uno de sus Boeing 747-400 (EC-LNA • MSN 26346 • LN 897). Esto redundó en un respiro para la aerolínea venezolana, pues le permitió estabilizar su oferta en sus vuelos a Madrid y Buenos Aires. Este primer 747 operó exclusivamente para Conviasa hasta octubre del pasado año, cuando fue retirado de servicio tras haber llegado al final de su vida útil.

Wamos Air, antes conocida anteriormente como Air Pulmantur, es la arrendadora del Boeing 747-400 EC-KXN a Conviasa. En la imagen se puede apreciar un par de colas en el Aeropuerto Adolfo Suarez – Madrid Barajas. (Aviapic)

Tras el retiro de este primer avión, Wamos Air renovó su contrato de arrendamiento con Conviasa por otros 12 meses, suministrando un segundo 747-400 (EC KXN • MSN 25703 • LN  1025), entregado originalmente en 1994 a Malaysia Airlines (9M-MPG), posteriormente Air India (VT-AIS), y desde 2008 opera con Wamos Air, siendo arrendado ocasionalmente a Saudi Arabian Airlines para los vuelos de Hajj en los que miles de peregrinos musulmanes viajan a La Meca.

Este sería mi avión. La ‘Reina de los Cielos’ que me llevaría en 7 horas y media a Madrid desde la ciudad capital de Venezuela.

Chequeo y Espera.


Al llegar al mostrador me encontré con una fila corta de pasajeros, quienes esperaban el chequeo. Si bien fui preparado psicológicamente para aguardar varias horas en una fila a la espera de ser chequeado junto con otros 452 pasajeros, mis temores fueron infundados.

A las 10:30 de la mañana Conviasa dio apertura al vuelo, y rápidamente y sin mayores inconvenientes un agente de la aerolínea me entregó mi pase de abordar, el cual indicaba que la puerta de salida sería la 13, y mi asiento el 24A. Punto a favor para Conviasa.

Pasar la inspección de seguridad e inmigración fue igualmente de rápido, y ya una vez en la zona de las puertas de embarque pude ver un aeropuerto totalmente vacío, con pocos pasajeros en tránsito visitando las tiendas libres de impuesto, surtidas con productos locales.

Durante la espera, y como buen Avgeek, consulté una aplicación de rastreo de vuelos para saber cuanto tiempo le faltaba al avión para llegar a Maiquetía. Ese dia, el 747 provenia de Buenos Aires operando el vuelo V05001. Y si bien llegaría con dos horas de demora, ello no afectaría la puntualidad de mi vuelo, pues el mismo estaba pautado para salir a las 6 de la tarde.

El Boeing 747-400 de Wamos Air operando para Conviasa en la puerta 13 del Aeropuerto Internacional de Maiquetía tras su llegada de Buenos Aires. (Autor)

Ya entrado el mediodía decidí comer algo en un local próximo a la puerta de embarque asignada, desde donde pude ver el aterrizaje suave del avión en la pista 10, el avión se posó graciosamente sobre el suelo, y casi no se notó el toque del tren de aterrizaje con el asfalto.

Rápidamente se dirigió a la puerta 13 donde mi aventura con este avión apenas comenzaba.

Nos Wamos a Madrid.


A las 4 en punto el personal de tierra encargado del abordaje llamó a los pasajeros para iniciar el embarque, y contrario al chequeo, éste resultó largo y tedioso, tomando cerca de hora y media mientras reabastecían combustible y cargaban el equipaje de los viajeros.

Al entrar al avión, un tripulante de cabina me indicó amablemente mi asiento, ubicado en la parte delantera justo después de la puerta de embarque. Una cabina con asientos azules de mediados de 1990 y una configuración de fila en 3+4+3. Si a esto le sumamos un espacio reducido entre filas de asientos, hallamos un producto sumamente incómodo.

Interior de la cabina económica del Boeing 747-400 de Wamos Air. En la imagen se puede apreciar una disposición de 10 asientos por fila. (Autor)

Al sentarme, tuve una sensación de claustrofobia inmediata, casi no podía moverme y además mi asiento no reclinaba, en este punto ya estaba experimentando un vuelo del Hajj en el norte de América del Sur.

Un vistazo a mi asiento. La ventanilla me permitía ver el ala izquierda y los motores. Sin embargo, estaba sucia. Ese fue mi único entretenimiento durante el viaje, pues el sistema de entretenimiento estaba desactivado. (Autor)

Salvo por una manta y un par de etiquetas en la cocina trasera, nada dentro de la cabina de pasajeros nos haría pensar que se trata de un vuelo de Conviasa. Y en lo que respecta a entretenimiento a bordo, Conviasa no ofrece periódicos ni revistas, y las pantallas individuales del sistema de entretenimiento está desactivado con los controles fijados al posabrazos para que éste no pudiera ser manipulado.

La manta era una de las pocas cosas que portaba los títulos de Conviasa en la cabina. Sin embargo no hizo falta ya que la temperatura interna era bastante agradable a 33.000 pies de altura en comparación con otros aviones en los que he viajado. (Autor)

Poco antes de las 6 de la tarde el Boeing 747-400 iniciaba su taxeo a la pista 10 de Maiquetia, desde donde despegó puntualmente según su itinerario programado.

El despegue en sí me hizo olvidar la incomodidad de la cabina, rápido, sutil y a la vez poderoso, todo conjugado dentro de una sinfonía armoniosa en un ritmo casi perfecto.

Ascendiendo sobre el mar Caribe cubierto de nubes, enfilados hacia el Atlántico donde se posaba rápidamente la noche. (Autor)

Una vez que alcanzamos nuestra altitud de crucero de 33.000 pies, la tripulación ofreció la cena, en la que el pasajero podía elegir entre pasta o carne, dispuesta en una caja de carton adornada con los colores y el logitpo de Conviasa, acompañado de una selección de bebidas no alcohólicas.

Si bien una caja de cartón facilita el trabajo del servicio de la tripulación, el mismo no es apropiado para un servicio internacional de largo recorrido. El diseño en sí es aburrido y poco funcional (Autor)

Si bien una caja de cartón facilita el trabajo del servicio de la tripulación, el mismo no es apropiado para un servicio internacional de largo recorrido. El diseño en sí es aburrido y poco funcional (Autor)

La comida en sí era bastante buena. Sin embargo, el espacio del asiento impedía disfrutar con comodidad del servicio. Comí rápidamente y fuí al baño para así poder dormir unas pocas horas y hacer más llevadero el vuelo.

Mi opción fue carne asada con puré depapas, ensalada y pastel de chocolate. Si bien la porción y el sabor eran buenos, la presentación dejó mucho que desear. (Autor)

Mi opción fue carne asada con puré de papas, ensalada y pastel de chocolate. Si bien la porción y el sabor eran buenos, la presentación dejó mucho que desear. (Autor)

Unas pocas horas después de un descanso comprimido tanto en tiempo como en espacio, desperté ya de día momentos antes del servicio de desayuno, el cual constaba al igual que la cena, de una caja con bollería industrial, fruta y un poco de café. Nada especial que destacar más allá de lo insípido.

El desayuno no era nada especial y era insípido. El servicio fue apresurado por nuestra cercanía al destino. Al menos un café caliente pude tomar antes de la llegada. (Autor)

Ya al final del desayuno pude avistar las luces de la costa de Portugal, lo que significaba que estaríamos próximos al descenso para aterrizar en Madrid en un vuelo que a pesar de la incomodidad se me hizo extremadamente corto en comparación con otras oportunidades.

Con 1 grado de temperatura de una típica noche invernal de Madrid y casi una hora antes de la hora prevista de llegada, nuestro 747 finalmente aterrizaba suavemente en la pista 18R de un fantasmal Aeropuerto Adolfo Suarez Madrid – Barajas.

Al parar en la rampa remota de la T1 un par de autobuses 3000 y escalerillas aguardaban por nuestro avión, el cual se aparcó justamente en frente de un nuevo Airbus A330-200 de Wamos Air.

El Boeing 747-400 de Wamos Air con los rótulos de Conviasa en la rampa remota de la T1 del Aeropuerto de Madrid Barajas. En la puerta 1L lleva los tíulos Operated by Wamos Air (Autor)

Al momento de desembarcar cruce palabras con el tripulante de cabina que me atendió en Caracas, a quien le pregunté que opinaba sobre la nueva adquisición de la aerolínea, indicándome que “no cambiaba al 747 por nada del mundo.”

Conclusión


En general, Wamos Air y Conviasa prestaron un servicio con altos y bajos. Mis expectativas no eran altas, pues una operación conjunta de dos aerolíneas con culturas corporativas distintas descuidan la atención a la experiencia de vuelo de sus viajeros, pues parten del principio de llevarlos “del punto A al punto B.”

Irónicamente, una de las cosas que me sorprendió del viaje fue el haber llegado a Madrid antes de la hora prevista. El chequeo en Caracas fue rápido y eficiente, pero el embarque en sí dejó mucho que desear.

El servicio a bordo fue austero, la comida en general fue de regular a mala. Una cena decente opacada por un desayuno mediocre.

¿Recomendaría viajar en Conviasa? Todo depende de cuan dispuesto esté a experimentar la aventura. Si tiene paciencia y un poco de buena suerte llegará a su destino a tiempo y sin mayores inconvenientes. Sin embargo, no tome esta opinión como una regla, y si decide darle a Conviasa un voto de confianza prevea que cualquier cosa es posible, incluyendo demoras de varias horas o días, o la cancelación repentina de su vuelo.

Personalmente, el simple hecho de haber volado en el Boeing 747, independientemente del servicio prestado por Conviasa y Wamos Air, hizo que este viaje valiera la pena.